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Uso de humidificadores en las enfermedades respiratorias

Está muy extendida la creencia popular, de que la inhalación de vapor de agua, sea a través de un vaporizador o por medio de los aparatos humidificadores, es eficaz para una mejora de los síntomas de algunas enfermedades respiratorias.  

Algunos individuos lo utilizan para mitigar la tos, mejorar el asma o para inducir la expectoración en la EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica). Sin  embargo, esta práctica no siempre resulta un remedio favorable, sino que, al contrario, puede condicionar un aumento de los síntomas respiratorios.

En efecto, hemos visto empeorar a algunos pacientes cuando con toda buena intención han  “realizar baños y tomar aguas” en algún centro de salud en donde el grado de humedad del medio ambiente es muy alto y en donde se respira un aire con un alto grado de vapor. En este sentido, me llamó la atención, hace ya unos años, que en Italia los neumólogos, con el fin de provocar un broncoespasmo en caso de positividad diagnosticar un asma bronquial, administraban vapor de agua por vía inhalada de manera controlada, en su laboratorio de función pulmonar.

Es bien conocido, que el ambiente húmedo es irritante para los bronquios y este  efecto lo refieren los propios pacientes, afirmando que, cuando el grado de humedad en la ciudad es elevado, sus síntomas empeoran.

El ambiente húmedo condiciona además un mayor crecimiento de hongos en la habitación del paciente, lo que incrementará las posibilidades de producir una mayor  inflamación bronquial; la humedad incluso puede inducir una colonización/infección de los bronquios por uno de estos hongos, lo que ocurrirá en especial en aquellos pacientes que ya padecían una enfermedad bronquial previa, sea asma, EPOC o bronquiectasias (dilataciones anormales de los bronquios).

Los hongos además, son una importante fuente de alimentación para los ácaros (arañas microscópicas del polvo de casa) que son el más frecuente desencadenante de los síntomas de asma y rinitis alérgicas; en consecuencia estos ácaros se multiplicaran y por lo tanto producirán síntomas o un aumento de estos, en aquellos individuos alérgicos (también llamados atópicos), que  constituyen al menos el 30% de la población general.

Dependiendo del país, así como, de la ciudad en la que vivimos y en especial en determinadas épocas del año, el aire que respiramos contiene más o menos humedad y, los individuos más sensibles a los niveles altos de humedad, es decir aquellos que sufren dificultades respiratorias, los síntomas se intensifican.

Paradójicamente, para intentar paliar dichas molestias, algunos de estos pacientes utilizan erróneamente en su casa un humidificador.

Asimismo los humidificadores, no infrecuentemente se utilizan para paliar la tos del niño que se ha resfriado, que consecuentemente tose y  tiene dificultad para conciliar el sueño (se refiere como “reblandecerla” o lo que en catalán denominan coloquialmente “estovar” la tos).

Se trata de nuevo de un craso error si nos atenemos a lo que anteriormente hemos dicho.

Incluso, en ocasiones, el mismo humidificador, si no se procura un buen mantenimiento del mismo y no se limpia correctamente el recipiente acuoso o bien si no se cambia esta  agua con frecuencia, puede en sí mismos, convertirse un una fuente de problemas, puesto que,  al contaminarse esta agua por hongos, puede  mandar a la atmósfera de la habitación un spray de estos  microorganismos, que podrán condicionar un empeoramiento de la enfermedad o incluso producir una nueva afección respiratoria, tal  como hemos visto en algunos pocos casos de neumonitis por hipersensibilidad causadas por este procedimiento “terapéutico”.

Así pues:

¿Cuándo estaría indicado un humidificador?

Prácticamente en ninguna afección respiratoria, sea asma, rinitis o cualquier otra.

Por todo ello, recomiendo encarecidamente consultar a un especialista antes de utilizar un humidificador.

Dr. Ferran Morell Brotad

 

Un estudio del hospital universitario Vall d’Hebron revela una de las causas de la fibrosis pulmonar idiopática

 fuente: ABC
El doctor Ferran Morell, flanqueado por la doctora María Jesús Cruz y la doctora Ana Villar, autores del estudio sobre los edredones y almohadones de plumas

Habrá preocupación. Yo me he intentado adelantar contactando con algunos fabricantes de edredones para realizar más estudios conjuntos, pero no me han contestado». El vaticinio lo hace en conversación para ABC el doctor Ferran Morell, catedrático de Neumología y principal autor de un estudio elaborado en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona que hoy sale publicado en la prestigiosa revista científica británica «The Lancet Respiratory Medicine».