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La Neumología vista con espíritu deportivo

Ferran Morell Brotad lidera un servicio de Neumología de referencia nacional y un equipo de fútbol de médicos que ha alcanzado el estrellato internacional.

Se dio a conocer especialmente con la coordinación del primer trasplante de pulmón en España, pero la popularidad y el éxito, en diferentes niveles, ya los había saboreado antes como campeón en varios deportes, cantante, guitarrista y activista en contra de la dictadura.

Le recuerdo en 1990, cuando dio la rueda de prensa para presentar el primer trasplante de pulmón con éxito en España.

¿Qué guarda usted de tan glorioso momento? ¿Fue muy complicado llegar hasta ahí?
-Lo del primer trasplante lo recuerdo con mucha satisfacción, por lograr introducir una técnica nueva para pacientes límite.

El doctor Román, ante un paciente muy joven terminal, me dijo que por qué no le hacíamos un trasplante, y fue así como nos pusimos manos a la obra, aunque tardamos cuatro años en tener la técnica a punto. Viajamos a varios centros internacionales a ver cómo lo hacían; fuimos a Newcastle y a Toronto, en este caso con el doctor Margarit, que falleció en accidente el año pasado (valga este comentario de homenaje). A partir de ahí los cirujanos practicaron con cerdos, que pagábamos de nuestro bolsillo, y al final vivían tanto que no sabíamos qué hacer con ellos.

Era la época del consejero Xavier Trias, que confió en nosotros, si bien lograr los permisos para abrir el programa tardó un tiempo.

Recuerdo que le llamé cuando hicimos el cuarto y me dijo: “Comenzáis a ser peligrosos”; porque se trata de una técnica cara. El trasplante de pulmón fue bueno para los pacientes y un estímulo para el servicio y para el hospital porque estos procesos mejoran mucho la calidad del conjunto. Llevamos más de 350 y hemos llegado a 35 al año.

¿Qué sucedió con la primera paciente?
-Raquel tenía 18 años y era madre de un niño de un año. Padecía una fibrosis pulmonar consecutiva a una neumonitis por hipersensibilidad por haber tenido una cotorra en su comedor unos años. Curiosamente, es una de las enfermedades a las que he dedicado más atención.

Vivió tres años después del trasplante.

Nació en Mallorca. ¿Ejerce de mallorquín?
-Uno siempre es de donde ha nacido, pero en la sociedad catalana me encuentro perfectamente adaptado. Es cosmopolita, progresista, sin exageraciones carcas, porque nuestra derecha es muy razonable; existe un gran interés por el trabajo, la cultura y el asociacionismo, y se valora a la gente profesional. A Mallorca voy dos o tres veces al año porque tengo allí a toda mi familia. De hecho, soy el primero de la familia que vive fuera de la isla desde la época de la conquista de Jaime I.

¿Qué queda de aquel joven cantante y guitarrista de The Shaking Ones?
-Llevaba cabello largo y pantalón de campana; no sé qué debían pensar los pacientes cuando les visitaba… La alegría y las ganas de divertirme no las he perdido, y el no tomarme en serio a mí mismo, tampoco; sigo pensando que todos hacemos cosillas, pero la aportación personal es siempre relativa. Fue una época muy divertida cuando el conjunto sonaba bien; ahora también he comprobado que cuando un servicio clínico funciona bien es muy gratificante y divertido. Íbamos por los hoteles y salas de fiesta de Mallorca, aunque únicamente teníamos un repertorio de unas veinte canciones, así que cuando se acababan volvíamos a comenzar de nuevo anunciando que repetíamos complaciendo alguna petición.

¿Por qué estudió Medicina?
-No tengo antecedentes. Decidí estudiar Medicina en parte porque no había matemáticas y en parte por altruismo, por ayudar. Lo decidí muy tarde, no como mi colega hindú Ganesh Raghú, un pope mundial de la fibrosis pulmonar, que dice que lo decidió a los tres años. Casi lo decidí en el momento de subir al barco que me trajo a Barcelona para matricularme en la universidad.

Se licenció con sobresaliente y se doctoró con sobresaliente cum laude, ¿era empollón?
-No, tuve suerte en el examen de licenciatura; mi curriculum bajó en los últimos años por las milicias, que nos obligaba a examinarnos un mes antes y en cinco días.

Fue campeón de natación, atletismo y baloncesto, y desde hace años campeón de fútbol médico con el Galens Vall d’Hebró. ¿Siempre tiene que ser el mejor?
-No, lo que pasa es que nací en una familia muy deportista. Nací con un balón en la mano y jugaba todo el día con una canasta que teníamos en un patio de casa. Yo diría que más que competitivos somos sacrificados. Mi hermano mayor decía que si ganábamos era porque nos entrenábamos más que los demás. La constancia y la perseverancia son el único truco. Hay mucha gente inteligente pero a quien mejor le suele ir es al constante y al perseverante.

Soy el menor de siete hermanos, de ellos sólo una chica, y quedamos tres, porque, como dice ella, “somos una familia que nos morimos mucho”.

Fue delegado de la primera promoción de MIR del Valle de Hebrón y en esas, en 1970, participó en el Encierro de Montserrat. ¿En qué consistió esa protesta?
-Fue a raíz del juicio militar de Burgos, en el que se pedía la pena de muerte para seis vascos. Se organizó un encierro de intelectuales en Montserrat, liderado por gente como el cineasta Pere Portabella. Estaban también el arquitecto Bohígas; los cantantes Raimón, Pi de la Serra y Joan Manel Serrat; el pintor Joan Miró; la escritora Esther Tusquets; Manolo Sacristán, del PSUC; Obiols mucha gente comprometida e interesante. A mí la cita me llegó por el médico Lamote de Griñón y fui con mi mujer y con otros colegas como Jaume Figueras. Pasamos tres días allí. El gobernador civil era Martín Villa, que nos mandó rápidamente a la policía y no sabíamos cómo se desalojaría aquéllo. Se movilizó la opinión pública europea, e incluso el Papa. El ambiente era muy bueno, con conferencias, discusiones Yo era muy joven y en una de las intervenciones opiné que los trabajadores de Barcelona estaban más cerca de los obreros de Madrid que de los burgueses de Barcelona, lo cual debió de ser políticamente incorrecto porque se originó un gran debate.

El mismo año fue expedientado y despedido del Valle de Hebrón.

¿Por qué?
-Había habido una huelga de MIR en el psiquiátrico de Conxo, en Santiago, y nos solidarizamos con ellos todos los residentes del país.

No escarmentó, y en 1974 fue de nuevo expedientado y expulsado de toda la Seguridad Social. ¿Qué hizo durante ese tiempo para vivir?
-Esta vez fue porque Franco vio que la Seguridad Social estaba llena de progresistas que habían optado por la medicina pública y social. Para solucionarlo se les ocurrió pedir el certificado de buena conducta para entrar en el MIR, y así eliminar a los que ya se habían significado en las protestas universitarias.

Los residentes respondieron con una huelga, fueron despedidos, y luego seguimos manifestándonos algunos médicos de plantilla, haciendo presión para que los readmitieran, y nos expulsaron a seis cabecillas: los doctores Mirada, Morera, Sanmartí, Aranda, Clapés y yo mismo. A los siete meses gané en Magistratura el juicio, que se celebró ante 200 compañeros y con una presión mediática tremenda. Cuando llegué al hospital para reincorporarme, me esperaban trescientas personas en la puerta con una enorme algarabía porque representaba un pequeño triunfo frente a la dictadura. En el comedor, cuando entraba, también me recibían con vítores.

Entonces tenía ya a mis dos hijos, de uno y tres años, y mi mujer estudiaba. Mientras estuve aquellos siete meses sin trabajo iba al Hospital de San Pablo a aprender Neumología por la mañana y por la tarde realizaba transfusiones por los domicilios y hacía guardias en la UCI de una clínica privada. Así íbamos tirando.

Decidí pedir una beca para marcharnos toda la familia al extranjero y estuve el año siguiente en Francia, en Clermont-Ferrand, donde hice mi tesis doctoral, y así fue como pasé de internista a neumólogo.

Hoy tenemos muy claro que la neumología es una especialidad, pero hubo que luchar mucho para que fuese reconocida de facto.

¿Cómo contribuyó usted a esta guerra?
-Yo era entonces presidente de la sociedad catalana y era un tiempo en el que en el ambulatorio se hacía corazón y pulmón juntos. Publiqué varios artículos y en la sociedad creamos un grupo de planificación para que trabajase la estrategia de lograr el reconocimiento de la especialidad y para que hubiese al menos un neumólogo en cada hospital comarcal, algo que se ha logrado con creces. Ahora incluso sucede que son los generalistas los que reclaman su sitio. Mi objetivo actual, desde mi cargo de director del Departamento de Medicina de la UAB, es lograr que los estudiantes reciban la docencia del que tiene experiencia cotidiana en cada materia o especialidad.

Seguro que lo logra.
-Me tengo por un poco mesiánico: hay que intentar lo que uno cree que es justo y beneficioso para la sociedad, aunque haya que pagar un precio personal por ello.

Su servicio es una referencia nacional: su libro de protocolos Pneumològica lo usan muchos centros, en investigación son Ciber, y en docencia habrá casi 70 neumólogos repartidos por toda España que se formaron con usted. ¿Cómo lo ha conseguido?
-Para hacer un buen equipo primero hay que contar con buena gente, y luego ya aprenderán. Es muy importante que los integrantes del equipo cuenten con una buena estructura de personalidad, sean positivos y tengan ganas de trabajar. El pesimismo, los problemas personales y las peleas son lo peor para un equipo.

En 1982 éramos tres y ahora somos quince, más doce residentes y una unidad de investigación básica con cinco biólogos. También tenemos tres excelentes secretarias, que pagamos nosotros desde hace doce años. En todo caso, nuestra mejor marca es que el trato humano y profesional que ejercen mis compañeros es excelente y reconocido por los pacientes y por los compañeros de otras especialidades. Este es mi mayor orgullo, ya que esa es la finalidad principal del médico.

¿Cuál es su secreto para mantener al equipo unido? ¿Quizá el permitir que cada uno tenga su propia área de responsabilidad?
-Es cierto, al primer compañero que me preguntó si podía dirigir una tesis le dije que sí porque no le podía frustrar; yo debo buscarme algo más hacia arriba y no frenar. Cada uno ha cogido la rama que más le ha interesado y que interesaba al servicio.

Siempre tuve presente el ejemplo de Edimburgo, donde todos los neumólogos del equipo eran conocidos, cuando en otras escuelas sólo lo es el jefe. Algunos han tenido ofertas para trabajar en otros hospitales pero no se han querido ir; dicen que no me libraré de ellos tan fácilmente. Se trata de que cada uno brille y, sobre todo, de no sacar el hacha si no es necesario, intentar siempre el consenso (más vale un paper menos para mantener una buena convivencia). Uno de los puntos fuertes es que los viernes a las tres de la tarde realizamos la reunión de servicio para hablar y discutirlo todo. Si alguien pide o propone algo debe hacerlo allí; de ese modo todo el mundo está informado y todo el mundo participa. Es cierto que así el jefe tiene un rango de decisión menor, pero también tiene mucha más información para decidir y, lógicamente, el resultado final es mucho más consensuado.

Estuvo muchos años casado con una arquitecta de la que se separó hace poco.
-Han sido treinta y tres años de matrimonio muy buenos. Es una mujer muy activa, buena persona y profesional, progresista, solidaria…

El problema fue mío, demasiado pendiente del trabajo, y se cansó de verme subrayar papers delante del televisor.

¿Ha rehecho su vida?
-Sí, con Teresa, una excelente médico de familia e hija y hermana de médicos, por lo que me entiende y acepta mi dedicación profesional.

Estamos acabando ya su tesis doctoral. Es superoptimista, alegre y sobre todo espléndida en todos los sentidos de la palabra, en especial en la ayuda a los demás. Me facilita seguir muy activo.

He tenido suerte.

Tiene dos hijos. ¿Qué tipo de padre ha sido y qué tipo de padre es ahora?
-Cuando eran niños, entre la residencia, guardias, siempre estudiando no estuve con ellos todo el tiempo necesario, lo que seguramente les condicionó de algún modo. Mi hijo menor, Andreu, es médico y está haciendo la residencia de Anestesia en Portugal, por lo que estamos encantados; tiene además una buena estructura personal y enorme simpatía.

Sonia es abogada, muy responsable, y somos de un físico y un carácter muy parecidos (ella con más don de gentes), por lo que nos entendemos perfectamente. En cuanto a los nietos (hijos de Sonia), soy un abuelo que educa. Me los dejan algunos fines de semana, y Teresa y yo nos divertimos mucho con ellos.

¿Se vive bien en Vallvidrera?
-Muy bien; es el único lujo que tengo y lo disfruto mucho, aunque pago una importante hipoteca por ello. Incluye un jardín en el que estoy plantando árboles y nos rodea el sonido de los pájaros; por eso procuramos no movernos de casa los fines de semana.

Este año se celebrará el XIII Campeonato del Mundo de Fútbol de Médicos, la Ferran Morell Cup, en Australia. ¿Ya se está preparando para subir al podio con su Galens Vall d’Hebró?
-Los compañeros son jugadores muy buenos. Después de diez años de campeonatos ya estamos en el ámbito internacional y hemos pasado por Brasil, Alemania y, este año, Australia; luego vendrán Inglaterra y Suecia.

¿Se deja la piel en los entrenamientos?
-No, yo corro por casa y también tengo un pequeño gimnasio y los sábados jugamos un partido; no tengo tiempo para más.

Está jugando al fútbol como un chaval a ocho años de la jubilación (como profesor de universidad se salva de la jubilación forzosa a los 65). ¿Qué quiere hacer en este tramo profesional?
-De momento, como le he dicho antes, lograr que quien enseñe a los estudiantes sea quien más sabe del tema, para evitar que luego haya errores para toda la vida profesional como el que he visto en sarcoidosis, que todos los alumnos creen que es una enfermedad muy grave, como la de los afroamericanos, pero no lo es en España.

También pretendo acabar bien mi vida profesional: sigo dando clases, conferencias y cursos, investigando y realizando trabajos como primer autor, paso mi consulta externa propia es decir, no quiero hacer lo clásico de “ya que me voy a ir, voy a descansar”.

Hay que acabar manteniéndose y, a poder ser, incluso subiendo.

LO QUE LE MOLESTA
Durante la entrevista sólo ha perdido la sonrisa para explicar que no soporta a esos jefes de servicio que no ejercen el cargo en serio y ni siquiera cumplen con su horario laboral, dando un mal ejemplo a los profesionales que dependen de ellos y dificultando la mejora de sus departamentos en asistencia, docencia e investigación.

FAMILIA
Nací en una familia muy deportista (…). Mi hermano mayor decía que si ganábamos era porque nos entrenábamos más que los demás

ACTIVISMO
En el Encierro de Montserrat se movilizó la opinión pública e incluso el Papa. El ambiente era muy bueno

EQUIPO
Hay que contar con buena gente; luego ya aprenderá. (…) Que sean positivos y tengan ganas de trabajar

FUTURO
No quiero hacer lo clásico de “ya que me voy a ir, voy a descansar”.

Hay que acabar manteniéndose y, a poder ser, incluso subiendo

‘FERRAN MORELL CUP’
Lo que mejor define a Ferran Morell Brotad (Palma de Mallorca, 1944), jefe del Servicio de Neumología delHospital Universitario del Valle de Hebrón, de Barcelona (desde 1995), presidente de la Fundación Catalana de Pneumología (Fucap) y director del Departamento de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB),es su simpatía.

Una encuesta casera entre personas que lo conocen y lo han tratado largo tiempo ha dado estos resultados: siempre sonríe y es amable, es una buena persona, trata muy bien a su equipo, es muy crítico con el sistema sanitario pero con ánimo constructivo, es muy deportista y predica con el ejemplo.

Morell, como cualquier otro miembro de su equipo, atiende su consulta externa y mantiene su propia línea de investigación (publicando como primer firmante sus trabajos), sin abandonar sus obligaciones en la gestión de la asistencia, la docencia y la I+D del conjunto del servicio. En cierta ocasión, un colega de otra comunidad autónoma le preguntó que cómo conseguía hacer todo de calidad y él le contestó que cada día a las 7:50 de la mañana abre la puerta y enciende las luces de la sala de sesiones, y los viernes, a las 4:30 de la tarde, cierra la sesión administrativa con todos los miembros de la plantilla.

Él destaca especialmente la calidad humana de sus compañeros, con algunos de los cuales juega a fútbol todos los sábados con el fin de volver a poner muy alto el listón de ‘Galens Vall d’Hebró’ en el próximo campeonato mundial de fútbol de médicos, que se celebrará en Australia bajo este revelador nombre: Ferran Morell Cup.

Fuente: [1]dmedicina.com

 

 

 

  1. http://www.dmedicina.com/enfermedades/respiratorias/actualidad/la-neumologia-vista-con-espiritu-depor tivo

 

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